lunes, 13 de febrero de 2017

Diario de una flamenca.

¡Hola flamencos míos!

Tras una semana muy desaparecida volvemos a la carga, pero no de una forma común sino contando mi experiencia en Dublín. Si me seguís en mis redes sociales, habréis visto a diario fotos relacionado con el viaje, pero no he tenido apenas tiempo de mostrar todo lo vivido por ellas.
Con vuestro permiso, os voy a narrar esta experiencia tan única e inigualable.

Todo comenzó, hace menos de tres semanas, cuando mi amiga Belén nos contó que se iba a Dublín a estudiar durante dos meses. Carmela y yo, viendo la oportunidad de poder visitar la ciudad y estar con nuestra amiga, empezamos a buscar vuelos y hospedaje pero de una forma así, sin ganas, pero a la vez con una ilusión. Todo comenzó con un "no hay huevos", y como podéis comprobar si los hubo. En menos de dos semanas, tuvimos todo organizado puesto encontramos un oferton para cinco días ( aunque el último día salimos de allí a las 07:10, por lo que no lo contemos), pero en definitiva estuvimos cuatro días completos en esta maravilla de ciudad. También hay que añadir a todo lo anterior, que tanto Carmela como yo, nunca habíamos salido de España y menos, viajar en avión lo que agrandaba más la aventura vivida.
Los días, pasaban una vez comprados los billetes a una velocidad de vértigo, sin tener tiempo alguno de organizar nada y tener todo listo. Llegó el gran día, con los nervios a flor de pie, llegamos al aeropuerto y con unas tímidas lágrimas nos despedimos de nuestros padres. En la zona de seguridad les faltó desnudarnos, puesto que ya íbamos muy preparadas para el frío y nos tuvimos que quitar todo para poder pasar. En la zona de embarque, nos da por medir las maletas y sobrepasan las medidas...las dos comenzamos a pensar de que nos van a cobrar lo más grande por ellas, pero no pasa absolutamente nada. Respiramos hondo. Llegó la hora de la verdad, sin darnos cuenta, estábamos ya montadas en el avión. Nos ponemos a charlar para tranquilizarnos pero se comienza a mover, agarradas las dos, nos dimos cuenta que no era tanto como nos habían dicho. Ya tan tranquilas, intentamos pasar las dos horas y medias del vuelo. Nos bajamos, y tuvimos la suerte con dar con una amistad de los padres de Carmela, que siendo sincera, nos salvo un poco la vida porque no teníamos idea de donde estaba la parada de autobus que teníamos que tomar. Nos dejó en la parada que Belén nos estaba esperando, eran ya las 16:00 de allí, o sea las 17:00 de aquí. Fuimos a comer corriendo y a dejar las maletas para aprender a movernos por la zona. La suerte que tuvimos fue, es que teníamos el albergue al lado del centro. Al rato dejamos a Belén en su parada ya que ella tenía que volver a la casa donde esta viviendo y en ese momento, vimos como una graduación en la que ellas, iban sin abrigos, con unos vestidazos de noche, unos escotes, espaldas descubiertas, sandalias y un nuevo término que creamos en ese mismo instante para el mundo de la moda puesto que las rajas de los vestidos les llegaban al mísmisimo alma, por lo que las apodamos "raja coñil".




Al día siguiente, teníamos contratado Carmela y una servidora, un tour por toda la ciudad conociendo todos los monumentos y sus historias. Una de las cosas que no olvidaré, es que, los irlandeses tienen tantas leyendas que ni ellos mismos saben si son reales o no, o de que tienen una parte rica y otra pobre según en el lado del río que estes...son tantos detalles, que es impresionante conocer otro tipo de cultura y quedarte embobada con ellos. Seguimos a la tarde con Belén viendo más cosas de la ciudad.





El jueves, decidimos ir al Phoenix Park, que es el parque más grande del mundo, pero siendo sincera nos decepcionó un tanto ya que es urbanizado, pero tiene una particularidad y es que, si encuentras a los ciervos puedes darles de comer y estar con ellos. Tuvimos la suerte de verlos, y darles de comer, pero os aseguro que el recuerdo de ellos no es el más agradable ya que me dieron una cornamenta, fue pequeña pero me la lleve. Tras el parque, fuimos al museo de arte moderno y a la cárcel que se puede visitar. Tras volver al centro, ya que estos sitios anteriores están más alejados de donde vivíamos, estuvimos ya dando vueltas para ver los detallitos para la familia.
El viernes, decidimos de ver el museo de arte e historia sobre Dublín, y deciros, que es impresionante como cuentan la historia, con que amor y cariño lo hacen, bueno eso y todo. También este día probamos uno de los platos más típicos de esta tierra y es el conocido Fish&chips, que para nosotros es pescado frito con patatas fritas. Lo tomamos en uno de los pub más conocido de ellos.

Y por último, la experiencia de volvernos, os aseguro que no la vamos a olvidar. Sin dormir durante toda la noche...el autobus no llegaba para recogernos, casi nos perdemos en el aeropuerto,estábamos congeladas...pero aunque lo pasáramos algo mal a última hora, no cambiaría el viaje y la compañía por nada del mundo.
Un viaje de ensueño, y el poder ver de que cuando quiero puedo defenderme con otro idioma, ha hecho de que quiera continuar esta nueva sección en el blog y que ya estoy organizando la nueva escapada.




















Se que me dejo muchos recuerdos y momentos vividos, pero no tengo palabras para expresarlas. Espero que estas líneas os guste tanto como a mi, y continuamos en estos días con nuevo contenido.


¡Un beso muy grande flamencos míos!

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